Fotos: Ne:RD / CEC
El Centro de Expresiones Contemporáneas está oscuro. Todas sus ventanas están tapadas para evitar el ingreso de la luz natural. En la entrada, una cortina hace lo propio. Es viernes 2 de octubre y, al borde del río Paraná las nubes amenazan con descargar de todo.
No es que el CEC se haya convertido en un refugio de vampiros, más bien parece que nos metimos adentro de una película ciberpunk, algo del cablerío oscuro de Star wars, de Terminator, Blade Runner, de Robocop, y también de la lluvia digital verde de Matrix.
A lo largo del espacio hay luces tenues, focalizadas, pantallas gigantescas, instalaciones esculturales, inmersivas… lo que está sucediendo es la tercera edición del Festival de arte digital Ne:RD (Nuevas Expresiones Rosario Digital), un festi que se inició para poner sobre la mesa las diversas expresiones de este arte emergente.

“Veiamos que en la ciudad había algunos focos medio dispersos, que no estaban muy conectados. Entonces con Ne:RD lo que proyectamos fue generar un punto de encuentro, en un momento del año, de esa cultura electrónica y digital que estaba pululando por la ciudad”, explica Ernestina Fabbri, directora del CEC.
Conectando lo disperso, fomentando cruces, haciendo de vidriera y, además, generando espacios de formación, el festival construye escena y la fortalece, como nos explica el artista Tolch (de quien hablaremos más adelante). “Buscamos que Rosario sea un punto de referencia a nivel nacional, solo hay cuatro festivales de este estilo en el país”, dice Fabbri. Pero claro, el Ne:RD no está pensado sólo para el nicho superespecializado, el que no conoce nada puede entrar (y entra) a divertirse, a interactuar con las obras, a escuchar música y disfrutar las visuales.
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El imaginario ciberpunk se condensa en la parte central del galpón, en donde se destaca la instalación “Espacio Latente” (de Ariel Antinori, Sara Degaetano y Gabriel González Suarez): una nube suspendida hecha con plaquetas electrónicas obsoletas, sobre la que se proyectan textos que reflexionan sobre la IA y su contraparte de consumo excesivo de recursos naturales. En el piso, dos hileras de monitores demodés muestran imágenes que profundizan el mensaje.

Ahí nomás, enfrente, nos espera “Umwelt”, una especie de pantalla repleta de luces y cables, la cabeza de un pulpo -metafórico- del que salen tentáculos que en sus extremos tienen cajitas con sensores. La gente que pasa (chicos y grandes) los agarran y los prueban, todos producen resultados distintos, algunos reaccionan al ruido, otros a la vibración, otros a la humedad. Todo el mundo curiosea asombrado. Todo el tiempo la obra está cambiando.
“El Ne:RD propone un espacio más lúdico: no es la solemnidad de una galería ni el ambiente muy técnico de un hackerspace. Para una obra que existe cuando alguien levanta un bicho y lo toca, ese es el lugar justo”, explica Manuel Rodríguez Roldán, autor de la instalación junto a Juan Ignacio Miles.
La búsqueda de Umwelt proviene de las lecturas sobre cibernética de Manuel y surge desde una pregunta: ¿cómo nos perciben las máquinas? “Estamos todo el tiempo afectados por la tecnología, y me interesó invertir la pregunta y pensar cómo las afectamos nosotros a ellas”, cuenta.

Un poquito más allá, “El agua como fantasma”, de Pablo Borsav, completa el panorama. ¿Qué hacemos cuando no hay agua? Cuando el agua se vuelve fantasma. De ahí parte esta historia, que combina (hechos con arcilla de las islas) conos zahories que se usaban para encontrar aguas subterráneas. “Quería proponer a las personas una experiencia de búsqueda, de contacto con lo natural mezclado con lo tecnológico. Está relación conflictiva en la que me gusta indagar”, explica Pablo Borsav.

Camuflada entre las piezas de arcilla, una pantalla reproduce la cara filmada de la persona random que esté observando la obra en ese momento, un reflejo en el río, pero digital. “El agua es el gran problema ecosocial que nos toca vivir hoy en día”, agrega Borsav, que se define como kayakista, artista visual y VJ. De sus aventuras kayakísticas obtiene la arcilla de las islas que suele integrar en sus obras.

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En rigor, con lo primero que uno se encuentra al correr la cortina e ingresar a la nave del CEC es con una de las vedetes de la exposición: “Ecos de la Convergencia”, del mencionado Tolch. Una instalación inmersiva compuesta por una gigantesca pantalla alargada que proyecta paisajes animados pero que se completa cuando los espectadores se meten en la obra gracias a un sensor que captura su silueta y traduce sus movimientos en efectos de fluidos líquidos.

“La búsqueda fue que la gente deje de mirar y se ponga adentro de la obra. La parte que me interesa no está en la imagen, está en la interacción: qué hace que alguien se anime a moverse sin que nadie le explique nada”, desglosa el artista, que en la otra punta del galpón instaló otra pantalla (“Dibujo libre”, en colab con Julián Puppo) que puede ser intervenida desde los teléfonos de los espectadores, como una pizarra colectiva.
Cuando le preguntamos por el Ne:RD, Tolch se entusiasma: “Que sea gratis y ocurra en un galpón abierto del CEC cambia por completo quién puede verlo: entran escuelas, familias, estudiantes, gente que no va ni a una galería ni a un festival de electrónica. Eso ya lo distingue de casi todo lo que pasa en el país”, dice.
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-¿Cómo explicarías de que se trata este nuevo lenguaje? -le preguntamos a Ernestina.
-Para pensarlo de manera sencilla seria como que la materia prima que usan los artistas para crear, en vez de que sea una pintura para hacer un cuadro, o yeso para hacer una escultura, son herramientas digitales, por ejemplo, un software con una programación o una IA.
La particularidad de esta materia prima es que los artistas pueden modificarla, entrenar a la IA o al software, darle ciertas instrucciones para que después funcionen de manera más o menos autónoma en una creación. Es tan relevante porque cambia un poco la lógica de la producción artística.
Además de eso, este nuevo lenguaje lo que permite es que el público construya la obra, no se trata de que un artista construya una obra estática, sino que la propia participación del público hace que la obra vaya cambiando todo el tiempo y que se modifique en tiempo real a partir de la creación de dispositivos reactivos. Entonces la obra que vos viste el viernes va a ser completamente diferente que la del sábado, porque la intervención del público hizo que cambie la imagen, que cambie un ritmo, que cambien ciertas circunstancias de la obra. Y lo relevante de este nuevo lenguaje es como el artista construye la obra colaborativamente con el espectador, y este deja de ser pasivo, convirtiéndose en un agente activo que construye la obra. Sin la participación del espectador la obra no se completa, no termina de tener sentido.
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Para llegar hasta “ether_dream_02”, del colectivo Diskole, hay que atravesar el salón y correr otra cortina, porque esta instalación precisa oscuridad total. La tienen envuelta, como una joya. En el espacio alargado, hay música, humo, luces leds en el piso y rayos láseres que disparan desde el techo; como una fantasía de jedis y laser shots, todo en perfecta simbiosis.

“Lo que intentamos fue dominar una técnica: entender bien a fondo cómo funciona un láser y cómo vincularlo con otros protocolos, como el de la luz y el del sonido. La base de toda la investigación fue hacer funcionar todos esos lenguajes para que parezcan una sola cosa, una pieza en pura sincronía”, cuenta Javier Casadidio, que trabaja junto a Mauro Barreca y Eduardo Bonfatti. “Nosotros lo decimos así: Diskole no interpreta la música, la convierte en arquitectura temporal de luz”, termina.
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El Ne:RD ocupó tres días en el calendario del 2026: viernes 2, sábado 3 y domingo 4 de octubre. Durante el día es el momento de las exposiciones, de las muchísimas charlas y de los talleres. Pero a medida que va oscureciendo entramos en un territorio distinto porque aparece la pareja perfecta, una de las disciplinas que mejor se lleva con al arte digital: la música electrónica. Y acá es importante que retengas un concepto, porque lo vas a ver cada vez más seguido: Live AV.
Un Live AV (del inglés Live Audiovisual) es una presentación o espectáculo en directo donde las artes visuales y las artes sonoras dialogan y se crean en tiempo real. Para decirlo fácil: DJ y VJ ejecutan sus herramientas en vivo, generando ese encuentro una pieza única e irrepetible.
El viernes, las sesiones se inauguraron con Acyd Jelly a cargo de las bandejas musicales y Chesca tirando magia visual desde su controlador. Esta última participó en las tres ediciones del Ne:RD. Para la edición que acaba de terminar fue seleccionada desde la convocatoria abierta. El mismo festival, siempre promoviendo los entrecruzamientos, la linkeó con la artista musical con quien terminó haciendo dupla.

El relato vital de Chesca es una excelente muestra de cómo el festival construye escena: “Para mí el festival Ne:RD fue superimportante para la carrera que estoy empezando a hacer, porque apenas terminé de estudiar (diseño gráfico) sabía que quería hacer algo relacionado con las visuales y el arte más vinculado con la música, y fue como una puerta de empezar a entender que hay un montón de posibilidades en esto de lo visual y todo el trabajo que hay atrás, desde un DJ y alguien que hace música con sintes, electrónica, y como empezar a juntar esos dos mundos”.
Continúa: “Y eso fue como un flash para mí, porque empecé a entender y a ver un montón de gente metida en eso y fue como una puerta muy grande a que me dé curiosidad, a seguir investigando, seguir creciendo, ver que programas se usan, de qué forma, adonde se podía ir a trabajar. Y en base a todo eso pude sumar experiencias chiquitas y hoy en día puedo estar trabajando como VJ un poco por esa primera curiosidad que me dio el festival. Fui arrancando muy de a poquito y hoy en día puedo estar dedicándome casi 100% a eso”. Lo que se dice sacarle el jugo al festival.
-¿Qué es lo que más te gusta de hacer Live AV? -quisimos saber.
-Poder desplegar un universo visual y sensitivo capaz de despertar sensaciones en el público. Que la imagen no solo se vea, sino que también se sienta. Es un espacio donde puedo conectar muchas de las cosas que más me apasionan: el movimiento, la música, lo visual y la posibilidad de crear algo vivo en el presente.
Seguimos con los Live AV, pero primero hacemos una caminata de media hora hasta el Planetario, que desde el año pasado también es sede del Ne:RD. Ahí se da otro entrecruzamiento, entre centros culturales de la Muni, sí, pero también entre estéticas y disciplinas. Venimos hablando de las referencias culturales que nos despertaron todos estos paisajes audiovisuales desplegados en el CEC. Mencionamos Star Wars y los jedis, bueno, el que alguna vez haya entrado al domo del Planetario y haya visto esa maravilla analógica que constituye su proyector, con cositas de R2D2 (el viejo y querido Arturito), sabrá que todo tiene que ver con todo.
En ese hermoso salón, digno de Stanley Kubrick, se llevaron a cabo variantes de Live AV. Es que acá las visuales se proyectan en full dome, un formato de proyección audiovisual inmersivo en 360 grados que cubre por completo la superficie interior de una cúpula o domo semiesférico… una experiencia obligatoria.
Juliana Mujica (VJ) y Sombra (DJ), ambos artistas cordobeses, fueron seleccionados en la convocatoria con su obra “> El último universo: Revelación <”. Fuimos a hablar con Juliana: “Es algo totalmente diferente que un live en otro formato, ya que te permite jugar con la tridimensionalidad que te da la cúpula en sí y laburar inversivamente con la obra, permitiendo explotar más los recursos que hacen conectar al público con el proyecto. Para mí un punto clave es el manejo de la luz y del clímax que quiero generar junto a la composición de Iván (Sombras), que dialoga orgánicamente. Lo sonoro se planteó como un punto de tensión, un viaje mental y cinematográfico por momentos”, cuenta.

“La importancia del vivo es que puedo operar en tiempo real y siempre se produce una pieza única e irrepetible. Si bien uno va con una base pre armada, fluye con las energías de cada lugar y del contexto en el que se hace”, termina.
Un epílogo
De toda la oferta que ofreció esta edición del Ne:RD, una parte se eligió por programación (es decir, la autoridades del festival eligieron a que artistas convocar) y la otra por convocatoria abierta nacional (incluso hubo una categoría internacional), para presentar proyectos de instalación, proyectos de músicas y visuales en vivo, charlas y proyecciones en full dome.
“Esto nos abrió un nuevo abanico de artistas jóvenes, nuevos, que no conocíamos, que están trabajando con estas herramientas. Muchas de estas personas no se perciben artistas, pero que quizás son programadores, trabajan en sistemas, y están creando estos dispositivos que reaccionan al comportamiento del público”, revela la directora del CEC.
En esta edición el festival contó con la presentación de los trabajos de los alumnos de la Escuela de Oficios culturales que la UNR articula con el CEC. Una formación especifica en arte digital que contó con 120 inscriptos. Una manera de seguir haciendo escena, el Ne:RD dura tres días pero tiene incidencia durante todo el año.
Allá por el verano pasado, el festival de música de Rosario, el FARO, también organizado por la Municipalidad de Rosario, convocó a que algunas de las obras del Ne:RD estuvieran presentes en el Parque Urquiza durante aquellas jornadas. Se espera que este año pase lo mismo, que las instalaciones más propicias salgan del galpón y se armen al aire libre. Sera una buena oportunidad para vos, que estás terminando de leer esta nota y te quedaste con ganas de visitar el festival de arte digital de la ciudad. ¡Nos vemos en el FARO!







